Welcome to my mind: octubre 2005
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domingo, octubre 23, 2005

For my Grandpa

-Resquiescat in pace grandpa-

Cómo desearía haberte conocido más profundamente, abuelo.
Mis diminutas pupilas temblaban emotivas al escuchar de mi madre tus memorables proezas en nuestra patria de sangre.
Sangre que con orgullo corren en mis venas, tu historia embebida de nobleza, será tu vida el cual en mí ejerza, modelo de vida excelsa.

Cómo desearía haberte conocido más profundamente, abuelo. Compartiendo tu calidez conmigo, escuchando tus sabios consejos.
La distancia ha quemado el tiempo que jamás nos será devuelto, aunque con firme esperanza espero, recuperarlo en el cielo, cuando mi mano roce el tuyo de nuevo.



-DanK.

viernes, octubre 21, 2005

Veneno

Tengo el veneno en las entrañas, siento cómo corroe mi alma mientras sostengo el antídoto vital en la mano derecha.
¿Qué estoy esperando?, ¿Qué me impide beberlo?
Sé que hay un tiempo límite para beber mi salvación. Estoy entre que los daños del veneno puedan llegar a tornarse irreversibles y la pérdida de eficacia del gélido antídoto. Al alcanzar la temperatura ambiente, cosa que hará en pocos minutos, perderá de todo efecto curativo.

Sin embargo, contemplo. Contemplo el vidrio cristal, lo anhelo. Lo ansío desde una postura depresiva, me estoy muriendo. Debo beberlo para no morirme, pero me angustio por los órganos perdidos, quizás ya sea irreversible. Quizás no. No se. Observo. Tiene un color muy bonito, de turquesa a transparente. Veneno, el dolor del estómago. No es veneno, es un virus. O es un veneno contagioso, todo aquél que me conozca se contagiará de ella. Es implacable, silencioso e inodoro.
Ya se ha contagiado mi hermano, la locura lo invade. Si, es el primer síntoma. Grita y se golpea la cabeza reiteradas veces contra la estantería, logrando que brote la sangre y un poco de masa encefálica, bañando mi colección Robin Hood de libros infantiles.
Angustia y miro de soslayo a mi solución redentora, aún podría salvarme. Quizás no. Ya ni siento mi estómago. Quiero vivir, me da miedo la muerte, ¿por qué no puedo tomarte?

El antídoto no sólo logrará salvarme, también me reconstituirá todos los tejidos dañados y muertos. Me dará un cuerpo nuevo, me regenerará completamente sin importar el nivel de daño, claro, al menos que haya traspasado el umbral del sin retorno. Puede que también obtenga alguna que otra aptitud o capacidad especial, si, es sorprendente. Pero dolerá mucho. O quizás no tanto. Mi probeta ahora está más transparente que turquesa y el dolor del páncreas se ha disipado bastante, para estas alturas la mitad del hígado debe estar en necrosis, es decir, muerto.

¿Estoy disfrutando de este incendio interno? ¿Estoy disfrutando de la locura que me rodea? Cual lenguas de fuego, el veneno lame mis arterias con dulzura dejando un sabor amargo sobre ellas. Las tuberías de sangre les permiten acceder a todo mi cuerpo, por lo tanto le conceden el honor de ser devorados al final, cuando todo esté consumado.

¿Por qué no puedo beberlo? Por la angustia de que me he dejado estar, la sensación de que ya es tarde o de que ya he perdido mucho tiempo. El olvido de la certeza de quién soy, qué debo hacer, qué hago aquí. O quizás la pereza de quitarle el tapón, que se interpone entre el líquido y mi boca. Desinterés de sobrevivir, horror de morir, anhelo de vivir.

─Dejate de joder, ¡tomalo antes de que te sea irreversible!

No quiero, sí quiero, o ambas. Quizás sólo espero una cálida mano que me anime, acompañándome a destaparlo. Un perfume a rosas o una sonrisa.
Mi hermano continúa en una danza frenética entre espasmos repentinos con quejidos entrecortados, cada vez más incoherentes. Ahora se dedica a roer el cielo raso... al parecer la locura le dio alas. Mi madre se encuentra rodando por el suelo alrededor mío rebotando de vez en cuando entre el piso y el suelo, sus alaridos inconscientes ya son metafísicos.
Mi padre es invulnerable, inmutable, sigue leyendo su periódico vespertino ajeno a la escena.

Mientras, yo me muero. Con un antídoto en la mano.

viernes, octubre 14, 2005

Too late

Cuando obtengas tus cosas, tus deseos, tus objetivos egoístas que tanto has anhelado (alias "proyecto de vida", o "dejame hacer la mía") y te encuentres como siempre has soñado te darás cuenta de cuán solitaria es tu existencia y recién allí querrás llorar. Pero aunque por más lo intentes será inutil por dos razones: primero, el orgullo que con esfuerzo te has contruido lo impedirá exitosamente. La segunda, ninguna lágrima vertida revivirá los cuerpos inertes de tus padres que descienden balanceando en la fosa que te has cavado en tu corazón.

Extrañamente te acordarás las molestas quejas y peticiones pesadas que te advertían esto, que te prohibían lo otro, los vicios de uno y los eructos del otro. Una paliza, un capricho propio o de ambos o el de todos que distanciaron la familia. Cuestiones insignificantes y tediosas se tornarán anécdotas entrañables y lo entrañable no es compatible con el engendro en la que te has tornado ahora.
Te odias, te compadeces, te suicidas y vuelves a revivir, te encuentras desnudo ante tu insignificante vida, te reconoces y te ocultas nuevamente en ese armazón de sinrazones que sabes que no solucionan nada, un sedante eficiente pero temporal.

Te ocultas en el orgullo sin embargo tus lágrimas bombean contra ella cual dique al ritmo de la grúa que desciende el cofre de tu padre. "Mis lentes negros me ocultarán, nadie me verá", te mientes a ti mismo y permites que la represa cruja y se fugue una minúscula lágrima pero bien salada de emociones.
La presión no resiste y la grieta se resquebraja, tu mujer que está a tu lado te observa de reojo y se asombra: una gota desciente sigilosa por la mejilla deteniéndose de tanto en tanto tímidamente.
La represa cede y se derrumba inundando carrillos de húmeda impotencia, desvaneciendo la resistencia de las piernas, cayendo de rodillas y hundiendo la cara en tierra.
"Lo siento, lo siento", gritas en tu interior.
Algo que creías extinto muere, y recién allí se siente sus ausencias y el valor que tenían ellos en tu vida.
"¿Cómo puede ser que esté extrañando tanto a quienes quería olvidar?", te preguntas desoladamente.
De pronto el odio se torna en amor ausente, en confusión y en un ahogo neblinoso que desespera y riega las tierras que serán los custodios de sus cuerpos hasta el Juicio Final.

Intentás autojustificar tus errores pasados en los defectos de ellos, recordando las equivocaciones que han cometido. Sin embargo ahora te ves en el espejo de la sinceridad que súbitamente ha aparecido tras los vestigios del dique que descienden flotando por los ríos desconsolados.
Recuerdas los gestos de amor y lucidez de tu padre, las risas y los momentos que estaban juntos, las palmadas en la espalda que tanto buscabas o aquella vez que te había mentido. Aquella vez que lloró desolado arrepentido o cuando los viste pelear.
Todo es tiempo pasado, tu mente comienza a idealizarlos borrando vestigios negativos o resaltándolos para justificar tu existencia.
Sus cuerpos ya no se ven y han comenzado a llenarlos con tierra. Lo único que deseas ahora sin importarte nada es gritarles abrazándolos, "¡Papá, mamá, los amo!", pero es tarde, tendrías que haberlo dicho antes cuando aún respiraban vida pero en ese último minuto no les perdonaste cuando aún las paredes de la soberbia enfriaban tu corazón. Ahora, que tu desamparado corazón expulsa la hirviente sangre, dolida por las gélidas hendiduras, desearías poder dar todo lo que tenés, todo, para poder decirles aquellas cuatro simple palabras: "Papá, mamá, los amo".

-DanK
12/10/05